Crónica del naufragio del vapor Miño en el Estrecho de Gibraltar y una breve semblanza de Trinidad Grund, una extraordinaria mujer que sobrevivió a dicho naufragio y que gracias a su fe y creencias religiosas, superó con entereza varias tragedias familiares.
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Trinidad Grund. Archivo desconocido |
Trinidad Grund y Cerero del Campo nació el 28 de febrero de 1821 en Sevilla. Hija de Federico Grund Steiner, cónsul de Prusia en Sevilla donde casó con una sevillana, María Trinidad Cerero de Campos y Arroyal. El matrimonio tuvo trece hijos: Rafaela; Trinidad; Julia; Felisa; Federico; Clara; Constantino; Rodolfo; Gustavo; Guillermo; Juana; Sofía y Jorge.
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Archivo: Luis de Orueta |
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Archivo: Luis de Orueta |
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Trinidad y Julia Grund. Archivo desconocido. |
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Litografía del Miño realizada por J. McGahey, Se encuentra en el National Maritime Musem de Greenwich. Archivo: blog, Línea de Vapores Tintoré. |
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Archivo: blog, Línea de Vapores Tintoré |
Durante la travesía, los pasajeros disfrutaban en cubierta de un mar en calma y una luna llena que lucía en un cielo límpido y sin nubes que nada hacía presagiar el terrible suceso que en breves horas acaecería.
En la madrugada del 28 al 29 de marzo, navegando a la altura del Cabo Carnero en el Estrecho de Gibraltar, una fragata inglesa a vela, el HMS Minden divisó al vapor Miño. Según declaraciones posteriores de Marshall el capitán del barco inglés, decía que había una intensa niebla,- con respecto a la climatología de esa noche hay opiniones diversas - a pesar de ello creyó que aunque el vapor estaba muy cerca, podría evitarlo fácilmente pero aseguró que en el último momento, cuando parecía que existía suficiente espacio para pasar ambos sin peligro de colisión, el vapor viró bruscamente a babor y se dirigió directamente hacia la proa del Minden de tal forma que este al tratar de esquivarlo, arremetió violentamente sobre un costado del vapor provocándole una enorme brecha.
En aquella época, con los pocos medios que se disponía, cuando a un barco le sorprendía la niebla, el protocolo no era otro que hacerse “visible” parando los motores, encender todas las luces y tocar las campanas constantemente.
Fue tan rápida y violenta la embestida, que el Miño con un enorme boquete en un flanco se hundió con gran rapidez. Los supervivientes recordaban como si se tratara de la trágica escena de una película, a un sacerdote con sotana y birreta desde el puente del barco que estaba a punto de hundirse, dar la absolución sacramental a los infortunados pasajeros. El sacerdote que también pereció en el naufragio, se llamaba Rodolfo Millana, Magistral de la Catedral de Málaga.
El siguiente documento escrito en verso, relata de manera singular el naufragio:
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Archivo: Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla |
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Archivo: Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla |
El siguiente documento, es una carta traducida del original manuscrito en inglés, que envió un amigo de la familia Heredia-Grund, Joaquín García de Toledo Harrison a su madre, Margaret Sophia Harrison, residente en Portugal tras su boda en segundas nupcias con el aristócrata portugués, Luis Mascareñas. En la carta, le relata apesadumbrado a su madre el luctuoso suceso acaecido con el vapor Miño:
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Archivo: Conchita Heredia de Seriere, del blog de Tomás Heredia Campos |
En la iglesia de Los Santos Mártires, se celebraron las exequias por las 64 víctimas que perdieron la vida en el naufragio.
Se incoó un expediente oficial que abrieron las autoridades para esclarecer los hechos y depurar responsabilidades- se encuentra en el Archivo Álvaro de Bazán de la Marina Española-. Con todos los datos recabados, el vicealmirante Casto Méndez Núñez emitió un veredicto donde culpabilizaba al capitán del vapor Miño: “[…]el choque fue motivado en gran parte por no haber practicado el vapor las maniobras oportunas[…]" [5] no sin eximir la responsabilidad de Marshall, capitán del Minden, por no haber prestado el auxilio suficiente a los pasajeros del Miño, empleando poco tiempo para ello y regresar con premura rumbo al puerto de Gibraltar, dejando a su suerte a decenas de desdichados náufragos cuya única posibilidad de sobrevivir era recibir la ayuda de la tripulación de la fragata inglesa: “[…]no deja de ser extraño que estando próxima la amanecida no haya intentado aguantarse sobre el lugar de la catástrofe por si podía salvar a algunos de los desgraciados que hubieran podido mantenerse asidos a los restos de vapor Miño […]” [5]
Tras este trágico suceso, Trinidad, persona de fuertes convicciones religiosas y ferviente católica, creyó que haberse salvado del naufragio fue un designio de Dios. Su vida dio un vuelco y la consagró junto a su fortuna al servicio de los más desprotegidos.
Cumpliendo la voluntad de Manuel, su esposo, que su deseo hubiera sido crear una escuela para la formación de los obreros, sus viudas e hijos, Trinidad fundó en 1859 el asilo de San Manuel en unas tierras que la familia tenía en el barrio de El Bulto, asistido por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl para la actividad docente. En 1861, junto a otras familias de la alta burguesía malagueña, participó en la creación del colegio San Juan de Dios y en la construcción del Asilo de los Ángeles. Creó el primer hospital dedicado a los heridos de la guerra de África y sufragó la construcción de la capilla del Hospital Civil colaborando con las Hermanitas de los Pobres; con la Casa de la Misericordia; la Casa Cuna y la Conferencia San Vicente de Paul.
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Capilla del Asilo de San Manuel. Archivo: web Colegio San Manuel, Hijas de la Caridad. |
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Asilo de San Manuel Archivo: web Colegio San Manuel, Hijas de la Caridad |
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Trinidad Grund con los heridos de guerra en el Asilo de la Misericordia. Archivo: Luis de Orueta |
Pasado unos años, su fortuna entró en declive sufriendo una gran merma. Fue el comienzo de la ruina de los Heredia. Tal era la abnegación y entrega por los más desvalidos que para poder seguir con su labor humanitaria, tuvo que vender muchas de sus propiedades.
No se arredró ante los reveses económicos porque fue una mujer muy emprendedora y adelantada a su tiempo. En aquella época, puso en valor las aguas termales del pueblo de Carratraca, - municipio donde construyó un palacete de estilo neo mudéjar diseñado por Guerrero Strachan, donde disfrutaría con sus sobrinos largas vacaciones-, a la vez que impulsó lo que ahora llamamos un pack, que consistía en un circuito de ocio para turistas entre el balneario del pueblo y la prehistórica Cueva de Ardales que alberga importantes pinturas rupestres, siendo la primera cueva que se explotó turísticamente en España.
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Balneario de Carratraca. 1902. Archivo: Ana Teresa Benavides. |
Gracias a ella y su gran influencia en la burguesía malagueña, lo convirtió en un lugar de moda y destino turístico, donde se daba cita la aristocracia y grandes personajes del mundo del arte, la política, las finanzas... Se dice que en el balneario se reservó una estancia para la emperatriz Eugenia de Montijo, aunque nunca llegó a visitarlo. También se cuenta que esas aguas medicinales curaron una afección que sufría Lord Byron, siendo visitada por viajeros ilustres como Alejandro Dumas, Rilke; Teophile de Gauthier; Hans Chistian Andersen o el mismísimo Fernando VII.
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Palacete de doña Trinidad Grund en Carratraca. Archivo: web todocolección.net |
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Palacete de doña Trinidad Grund en Carratraca. Publicado por Diario SUR. |
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Entrega de llaves del palacete de doña Trinidad Grund, actual Ayuntamiento de Carratraca. Archivo: Joaquín José |
Durante la Revolución de 1868 conocida como La Gloriosa, iniciada en Cádiz y que desató la sublevación contra el régimen monárquico por el descontento del pueblo, causando el destronamiento y exilio de la reina Isabel II, Málaga era un hervidero de anarquía y caos. No había seguridad en las calles. En aquellos días, gente armada cercana a la Catedral, invadió el Palacio del Obispo, instalándose en el salón del trono la Junta Revolucionaria, amenazando con la destrucción de los conventos. Al enterarse doña Trinidad que las monjas asustadas, temían por su expulsión e integridad, cogió su negro manto, se presentó en la plazuela del Obispo y penetró en el palacio atravesando un grupo de gente armada que, conociendo su trayectoria, respetuosamente le abrían paso. Llegó al salón donde deliberaba dicha junta y plantándose ante el cabecilla le exigió protección para las religiosas. Con esta acción salvó muchos conventos de la destrucción, ayudó al traslado de monjas de otros que ya habían destruido y a recoger los restos de las sepultadas de los monasterios derribados. Parlamentó con la Revolución y con su jefe que reconoció la labor humanitaria de esa extraordinaria mujer, dando las órdenes oportunas para que cesara la destrucción de monasterios.
En la necrología que escribió el ministro Francisco Silvela, esposo de su sobrina, Amalia Loring y Heredia, relata lo que en su lecho de muerte, momentos antes del óbito le pidió doña Trinidad. Fue la despedida de la vida terrenal de una tía conversando con un sobrino y, a la vez, -siempre pensando en el bienestar de los demás,- al ministro, haciéndole una serie de consideraciones y súplicas, para que en la medida que pudiera, velara por hacer un mundo mejor: “Has venido muy tarde este año, y yo te esperaba con impaciencia, aunque estaba muy segura de que no me había de morir hasta haberte hablado; por eso encargué que vinieras aquí desde la estación, aunque tú, sabiendo como estoy, lo habrías hecho sin decírtelo. Nunca te hablé de política, ni es bien que las mujeres hablen de ella; pero yo no soy ya una mujer; yo soy un alma que se va, y que antes de comparecer ante Dios, quiere decirte lo que siente y o que se ve en esta hora, que es de claridad y de luz, cuando de veras es la última, como es ahora la mía.
No creas nunca, ni pienses, ni dejes entender a los demás que lo piensas, ni les induzcas a creer jamás, que la política, que es el negocio más importante de la vida, se puede ni se debe separar de la religión y la fe: en estas se encierran todas las enseñanzas prácticas de la moral, y en ellas está el alimento preciso del espíritu, sin el que los hombres necesariamente se corrompen y se envilecen, y los pueblos se pierden, se acobardan, y si les llega un momento de peligro, se humillan, o se desesperan y destrozan.
Gran daño fue para España perder su Unidad Católica; y cuando se hizo la Restauración, yo escribí a Cánovas y firmé exposiciones e hice lo poco que yo podía, para ayudar a restablecerla; pero si ya no tenéis fuerza para volver atrás, no perdáis por eso como idea, que debéis profesar sobre todas, la de que las leyes que hagáis, y la conducta que sigáis aplicándolas, se dirijan a mantener viva en los corazones sencillos del pueblo, la fe en el Dios del cielo, y en los Santos y las Vírgenes de sus altares; y en el alma del soldado y en la conciencia del juez, ese sentimiento de una vida eterna, y de un Ser que es Soberano de nuestras almas, y que ha de juzgarnos y premiarnos, e igualarnos a los felices y a los desgraciados, a los grandes y a los pequeños.
No sabéis bien, los que no tratáis al pueblo en los dolores de su hogar, que recursos encuentra el alma en la fe, en los momentos de prueba, aun en aquellos que han aprendido y practicado poco y mal, pero que han creído y han amado algo espiritual y sobrenatural, siquiera en algunos días de su vida.
Ya sé que los pueblos viven mucho, y resisten muchos errores de las leyes y de los gobiernos; pero los que dirigís conciencias ajenas, tenéis gran deber y pesada responsabilidad en dirigirlas al bien, con la acción y con el ejemplo, y piensa que te lo dice una moribunda, que ha pasado la mayor parte de su vida consagrada a consolar desgracias. Yo no sé bien lo que tú podrás hacer, ni lo que la política en España puede hacer por la Religión y la fe católica, pero tú lo debes saber, y lo que yo ante Dios y en la hora de mi muerte te digo, es, que aquello que puedas hacer lo hagas, y que lo que te parezca que no puedas hacer, lo intentes; porque el consuelo para el que sufre, la energía para el que pelea, el amor a la justicia en el manda o en el que juzga, y la resignación en el que obedece, todo lo que es bueno, y lo que se pide a un gobierno y a un pueblo bien ordenado, todo, todo todo, se aumenta y se sostiene, y vive, y se multiplica por la religión y la fe. Adiós, ya no nos veremos más; vete a descansar al campo, que lo necesitarás; yo no deseo morir, quiero a los míos, y me queréis todos; me hallo bien sobre la tierra; pero quiero sobre todas mis aficiones y deseos, lo que sea la voluntad de Dios, y siento que mi hora se acerca; recibe mi bendición y di que dejen sola; este es el último esfuerzo que hago por las cosas de este mundo; me he cansado; ya no quiero pensar sino en Dios” [7]
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Archivo: Biblioteca Nacional de España |
Doña Trinidad Grund falleció el 31 de agosto de 1896, a los 75 años, en su casa de la calle Peligro, la que posteriormente pasaría a denominarse, calle Trinidad Grund. Fue uno de los entierros más multitudinarios que se recordaba en Málaga. En vida, le propusieron si querría ser enterrada en la girola de la Catedral, pero ella declinó tal deferencia decidiendo que fuera junto a su esposo en el panteón de los Heredia en el Cementerio de San Miguel. Antes de fallecer, cedió una parte del panteón donde reposaban los restos mortales de sus padres, Federico Grund y María Trinidad Cerero, para que fueran enterradas las monjas de la congregación, Hijas de la Caridad con las que inició la fundación del Asilo de San Manuel.
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Panteón de los Heredia. Archivo: web Cementerio de San Miguel |
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Cripta del panteón de los Larios en el Cementerio de San Miguel. Archivo web oikos-paint.es |
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Esquela mortuoria de aniversario publicada en Diario Sur |
· Referencias
[1] DE ORUETA, Luis. Las Hermanas Livermore.
[2] Diario Sur Digital
[3] Blog Línea de Vapores Tintoré. José Carlos Díaz Peláez
[4] Historia de Málaga, Mercedes Sophía Ramos Jiménez
[5] Informe de la Marina Española redactado por el contraalmirante Casto Méndez Núñez
[5-A] Ana María Espinar Casajú
[6] Carta de Trinidad Grund visionada en el documental, Trinidad Grund. Una historia sumergida trinidad grund una historia sumergida - Buscar con Google
[7] Necrología de Trinidad Grund escrita por Francisco Silvela
· Fuentes
. Mujer emprendedora
. Archivos Canal Sur
. La Opinión de Málaga
. Web Málaga en el Corazón
. Web Cementerio Histórico de San Miguel
. El Avisador Malagueño
. Web Ancestry
. Blog Línea de Vapores Tintoré
. BOJA nº 48 de 10 de marzo de 2006, pág. 85 y 86, párrafo 2.23
. Web marenostrum.org
. Blog de Tomás Heredia Campos, Martín Heredia Escolar
. Web Lugares con Historia
. Necrología de Francisco Silvela
. Web Colegio San Manuel, Hijas de la Caridad
. Mujeres en la historia
· Bibliografía
. HEREDIA GRUND, María Pía. Memorias de una nieta de don Manuel Agustín Heredia. Madrid 1955.
. DE ORUETA, Luis. Las Hermanas Livermore.
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