Antonio Guerrero Reyes, un joven esteponero en la derrota, el exilio y la deportación alemana que como tantos españoles exiliados en Francia fueron exterminados en campos de concentración nazi.
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| Antonio Guerrero Reyes Archivo fotográfico: Carmen Guerrero Hurtado |
Hay historias que permanecen dormidas durante décadas, escondidas en la memoria local, esperando a que alguien las despierte. La del joven esteponero Antonio Guerrero Reyes es una de ellas. Durante mi infancia apenas escuché su nombre, una frase suelta, un comentario vago mencionado por mis padres. No sabía entonces que detrás de aquel nombre había una vida que merecía ser contada, una vida que fue arrancada de Estepona y destruida en un campo de exterminio nazi.
Este trabajo nace de esa necesidad: rescatar del olvido a un muchacho de nuestro pueblo que, como tantos otros, fue arrastrado por la guerra, el exilio y finalmente por la maquinaria de exterminio nazi y también denunciar, con documentos en la mano, la responsabilidad directa del régimen franquista en su deportación y muerte. Antonio tenía solo 22 años cuando fue asesinado en Güsen, un sub campo de concentración en Austria a cinco kilómetros de Mauthausen.
Lo que aquí presento es el resultado de una investigación que me ha llevado por archivos franceses, bases de datos de deportados, documentos militares, testimonios académicos y memorias locales (aún no he acabado la investigación). He contado con la valiosísima ayuda de los trabajos de los investigadores Albán Sanz, y Juan Francisco Colomina Sánchez.
Este artículo únicamente pretende ser un acto de memoria. Un intento de devolver a Antonio su nombre, su rostro, su familia, su calle, su vida. Y también una invitación a que el Consistorio de Estepona, como tantos otros municipios han hecho, reconozca públicamente a sus vecinos víctimas del Holocausto. Porque mientras sigamos recordándolos, ellos seguirán formando parte de nosotros.
Antonio nació el 17 de agosto de 1919 en la calle Casares, en una familia humilde conocida por el apodo familiar de Los Palmeros.
Era hijo de Antonia Reyes Macías, “señá Antonia” y de Diego Guerrero Márquez. Su madre, una señora muy querida en el vecindario, vendía chumbos en los calurosos meses del verano en la puerta de su casa.
Hace años, muchas familias de agricultores exhibían en las puertas de sus casas los productos de su campo —la necesidad obligaba—, y así, con la venta directa del productor al comprador, obtenían un beneficio algo mayor para sostener economías tan precarias como la de Los Palmeros, que tenían que alimentar a nueve bocas.
De “señá Antonia” conservo un recuerdo muy nítido de mi niñez. La veo aún en el umbral de su puerta cortando con precisión la piel de los chumbos antes de echarlos en mi fiambrera. Su rostro arrugado parecía llevar grabado el peso de una vida dura. Hoy pienso que quizás muchas de esas arrugas nacieron del dolor de no saber nunca qué fue de su hijo exiliado en Francia.
Antonio formó parte de una familia numerosa: José, Juana, Francisca, Diego, Manuel y Antonia, esta última con una discapacidad física severa (cifosis) que vivió siempre con su madre.
Como tantos jóvenes de su generación, se afilió a la UGT y marchó voluntario al frente. Combatió los tres años de la Guerra Civil. Tras la derrota republicana, en febrero de 1939, cruzó los Pirineos en condiciones muy extremas, caminando durante días, bajo la nieve, el hambre y el frío, junto a columnas interminables de mujeres, ancianos, niños y combatientes derrotados.
Al llegar a Francia, lejos de encontrar refugio, fue internado en el campo de Argelès-sur-Mer, un enorme reciento improvisado en una playa cercada con alambre de espino, sin barracones, sin agua potable, sin servicios básicos. Allí, sobre la arena y a la intemperie, miles de republicanos sobrevivieron como pudieron entre el hambre, las enfermedades y el abandono. Ese fue el primer destino de Antonio en su largo camino hacia el exilio y la deportación.
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| Campo de concentración de Argelés-sur-Mer en Francia. Archivo: Planeta Dunia |
Más tarde fue incorporado a las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE), unidades militarizadas de trabajo forzoso creadas por el estado francés para aprovechar la mano de obra de los refugiados españoles. Antonio ingresó en la 34ª CTE el 1 de abril de 1939, bajo el mando del capitaine Mallinjoud, fecha en la que esta unidad quedó constituida en Saint Cyprien, bajo la autoridad de la 6ª Armada francesa, en la región militar de Dauphiné Savoie. Desde allí, la compañía fue trasladada a Saint Jean de Maurienne, en los Alpes, donde trabajó en obras de montaña cerca de la frontera italiana.
Las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE), unidades creadas por el Estado francés para organizar a los miles de refugiados españoles que habían cruzado la frontera, no eran unidades de combate, sino grupos militarizados de trabajo forzoso dedicados a abrir carreteras, levantar fortificaciones, limpiar bosques o mantener infraestructuras en zonas estratégicas. Los españoles, considerados “indeseables” pero necesarios como mano de obra, vivían en barracones precarios, sometidos a disciplina militar y a jornadas extenuantes.
Antonio permaneció en la CTE 34 al menos hasta el 10 de julio de 1939.[1]. Compartió destino con otros dos malagueños: Antonio Pérez Galindo y Juan Verdún Verdún [2].
Durante la ofensiva alemana de junio de 1940, la 34ª CTE fue desbordada en la región de Haute Marne. Antonio fue capturado y registrado en el Frontstalag 123 de Langres, uno de los campos de tránsito que el ejército alemán creó en territorio francés para clasificar y retener a los prisioneros no alemanes. Estos Frontstalags funcionaban como centros de identificación y distribución: allí se registraba a los detenidos, se les asignaba un número y se decidía su destino posterior, ya fuera un Stalag en Alemania o un campo de trabajo. Las condiciones eran duras, con hacinamiento, escasez de alimentos y trato degradante, especialmente para los españoles, considerados apátridas por el régimen franquista. Ese fue el lugar donde Antonio quedó oficialmente registrado antes de ser enviado a Alemania.
Su nombre aparece en la Lista Oficial de Prisioneros de Guerra Franceses publicada en Gallica el 21 de octubre de 1940.
Tras el campo de Langres, Antonio fue enviado al Stalag X-B Sandbostel, cerca de Bremen (Alemania), un campo de tránsito de prisioneros de guerra donde recibió el número 84570. Hasta aquí, su destino era el de un prisionero de guerra más. Pero entonces ocurrió algo decisivo: El gobierno franquista lo abandonó y ese abandono lo condenó.
El 20 de agosto de 1940, la Embajada alemana en Madrid envió una nota al Ministerio de Asuntos Exteriores español preguntando:
“[...]¿Está el Gobierno español dispuesto a hacerse cargo de 2.000 españoles “rojos” internados en Angulema?[...]”
Era una oportunidad donde el gobierno franquista podía haber respondido: - Los traeremos de regreso a España.
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| Archivo General de la Administración, extraído del documental Los últimos españoles de Mauthausen y del resto de campos nazis. de Carlos Hernández de Miguel |
La segunda carta de septiembre de 1940 es aún más contundente. Alemania vuelve a preguntar por los 2.000 de Angulema… y añade:
“[…]¿Está dispuesto el Gobierno español a acoger a los 100.000 españoles rojos que se hallan en los campos franceses ocupados por Alemania?[…]”.
Alemania como buen aliado de España no quería decidir sola, reconocía que esos hombres eran españoles y pedía instrucciones.
España respondió con silencio.
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| Archivo General de la Administración, extraído del documental Los últimos españoles de Mauthausen y del resto de campos nazis. de Carlos Hernández de Miguel. |
“[…] Una prueba evidente de que los gobiernos de Madrid y Berlín coordinaban las deportaciones de españoles, son las cartas arriba mencionadas de la Embajada de Alemania al ministro de Asuntos Exteriores español sobre los exiliados, donde preguntan una y otra vez que hacer con ellos. La respuesta fue evidente puesto que los convoyes acabaron en Mauthausen.
Esa complicidad se oficializó un mes después, el ministro de la Gobernación Ramón Serrano Suñer y mano derecha de Franco visitaba la capital alemana tras reunirse con Hitler y con Himmler, la Oficina de Seguridad del Reich difundió una orden en la que establecía que todos los prisioneros españoles y solo los españoles debían ser sacados de los campos de prisioneros de guerra (donde se respetaban las convenciones internacionales) y llevados a los campos de la muerte. Era el 25 de septiembre de 1940. Pocos días después de que Serrano Suñer abandonara Berlín, los agentes de la Gestapo se presentaron en los campos de prisioneros de guerra para ejecutar la orden […]” [3]
El día 25 de septiembre de 1940 fue una fecha que marcó un hito en la historia. Franco declaró apátridas a todos los republicanos españoles condenándolos al infierno de los campos de concentración nazis.
El documento de 25 de septiembre de 1940 emitido por: Der Chef der Sicherheitspolizei und des SD (El Jefe de la Policía de la Oficina Central de Seguridad del Reich y del SD, es decir, Heydrich), es largo y técnico, y solo traduzco lo que afecta directamente a los españoles:
“[…]Asunto: Tratamiento de los antiguos combatientes de la España Roja, de nacionalidad alemana y extranjera.
Antiguos combatientes de la España Roja, de nacionalidad alemana o desnaturalizados [...]<<Los antiguos combatientes de la España Roja, tanto alemanes como extranjeros, que se encuentren en territorio bajo control alemán, deberán ser detenidos y puestos a disposición de la Policía de Seguridad.
Los extranjeros que no sean reclamados por sus gobiernos serán considerados apátridas y podrán ser enviados a campos de concentración>> […]”.
Este texto es la orden interna que la Gestapo envía a todas sus delegaciones en Europa ocupada para: identificar a los “Rotspanienkämpfer” (combatientes de la España Roja), detenerlos sistemáticamente, clasificarlos como apátridas si sus países no los reclaman y deportarlos a campos de concentración. Es decir, esta es la orden que activa la maquinaria de deportación para los españoles. Esto ocurrió el 25 de septiembre de 1940, el mismo día del documento alemán, el gobierno franquista declara apátridas a los republicanos y los alemanes reciben luz verde para deportarlos. La Gestapo puede hacerlo sin restricciones.
El documento de 25 de septiembre de 1940 emitido por: Der Chef der Sicherheitspolizei und des SD (El Jefe de la Policía de la Oficina Central de Seguridad del Reich y del SD, es decir, Heydrich)
Y he aquí lo más sangrante:
Si Franco no los hubiera declarado apátridas, no habrían sido deportados, los hubiera reconocido como españoles y habrían sido repatriados. Si hubiera querido salvarlos, habría bastado con una sola orden.
¿Cómo iba a repatriarlos quien había intentado borrar a los republicanos de la faz de la tierra? Franco no solo quiso eliminar físicamente a los “rojos”; también quiso borrar su rastro, su identidad y su memoria. Afortunadamente, no lo consiguió.
Las cartas de 1942 desde la Embajada española en Berlín son documentos que demuestran sin lugar a duda que la legación española recibía información constante sobre los prisioneros en Mauthausen, que el consulado de Viena estaba en contacto permanente con los responsables del campo de concentración y que España recibía notificación oficial de las muertes enviando incluso los objetos personales de los deportados asesinados.
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| Fotograma extraído del documental Los últimos españoles de Mauthausen y del resto de campos nazis de Carlos Hernández de Miguel. |
“[…]Franco podía decidir sobre la vida y la muerte de los prisioneros, de hecho, en el verano de 1941 gestionó la liberación de Joan Bautista y Fernando Pintado cuyas familias tenían contacto con la cúpula franquista. Otras peticiones similares no se pudieron materializar porque llegaban tarde, Alemania lamentó en estos casos no poder liberar a estos hombres porque ya habían perecido en el campo de concentración […]”.[4]
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| Fotograma extraído del documental Los últimos españoles de Mauthausen y del resto de campos nazis de Carlos Hernández de Miguel. |
Esto demuestra algo terrible; si Franco podía salvar a dos, podía salvar a dos mil o a cien mil, pero le importaba bien poco el destino de esos pobres desgraciados que sufrieron los horrores de los campos de concentración nazi.
Tras el campo de Langres, Antonio fue enviado al Stalag X B Sandbostel cerca de Bremen (Alemania), un campo de tránsito de prisioneros de guerra donde quedó registrado con el número 84570.
El 3 de marzo de 1941, fue deportado al campo de concentración de Mauthausen, donde recibió el número 3432 y el 30 de junio fue trasladado al subcampo de Güsen, a cinco kilómetros de Mauthausen, donde funcionaban los hornos crematorios y las condiciones de trabajo y exterminio eran aún más brutales.
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| Prisioneros realizando trabajos forzados en el campo de concentración de Mauthausen. Archivo: United States Holocaust Memorial Museum. |
Es muy probable que Antonio fuera trasladado a Güsen tras apenas cuatro meses en Mauthausen porque ya estuviera extremadamente débil o enfermo. Gusen era el destino habitual de los prisioneros considerados “inútiles para el trabajo”: enfermos, agotados, lesionados o con cualquier signo de incapacidad. Era, literalmente, el lugar al que se enviaba a quienes el sistema nazi había decidido liquidar. No en vano, los propios deportados lo llamaban “El matadero”.
En Güsen quedó registrado con el número 12950 donde fue asesinado el 6 de noviembre de 1941, con sólo 22 años.
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| Prisioneros ascendiendo con pesados bloques de piedra por la famosa y tristemente conocida como la Escalera de la Muerte, en el campo de concentración de Mauthausen. Archivo: Alemania Federal-Wikimedia. |
Su madre nunca supo dónde murió su hijo. El gobierno franquista nunca lo reclamó.
Antonio fue uno de los 140 malagueños asesinados en los campos nazis. La mayoría murieron como prisioneros de guerra, sin patria, sin identidad, reducidos a un número.[3]
“[…]Al menos 2.100 malagueños fueron internados en los distintos campos de internamiento del sur francés. Poco después, con el estallido de la II Guerra Mundial, muchos de ellos fueron enrolados en las Compañías de Trabajo, unidades militares dedicadas al mantenimiento, obras y fábricas de guerra. […] Fueron muchos los malagueños enrolados en estas unidades, que sufrieron en primer término la avanzada de las tropas alemanas sobre Francia en junio de 1940. Capturados muchos de ellos, fueron enviados a los campos de prisioneros alemanes para ser posteriormente deportados a los campos de concentración y exterminio que creó la Alemania nazi. Fueron los casos de Antonio Pérez Galindo, nacido en Vélez-Málaga el 17 de marzo de 1911. Maestro de profesión, cruzó la frontera en febrero de 1939 y fue internado en el campo de Argeles. Junto a Antonio Pérez viajaron Juan Verdún Verdún (Campillos, 1893) y Antonio Guerrero Reyes (Estepona, 1919). Los tres estaban enrolados en 34ª Compañía de Trabajo en Saint-Jean-de-Maurienne, cerca de la frontera italiana. Hechos prisioneros por las tropas alemanas, fueron enviados al campo de prisioneros de Sandbostel, al norte de Alemania, para ser deportados en marzo de 1941 al campo de concentración de Mauthausen. Antonio Pérez Galindo, Juan Verdún Verdún y Antonio Guerrero Reyes fueron compañeros en la derrota republicana, en el exilio y en la muerte. Pérez Galindo falleció en el campo de Gusen el 1 de marzo de 1943. En 1941, con unos días de diferencia, lo hicieron Juan Verdún (28 de octubre) y Antonio Guerrero (6 de noviembre). Ellos fueron solo tres de los 140 malagueños que fallecieron en los campos de exterminio nazi. La mayoría fueron prisioneros de guerra que fallecieron con un número tatuado, sin identidad y sin patria […]”.[5]
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| Antonio Guerrero Reyes Archivo fotográfico: Carmen Guerrero Hurtado |
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| Archivo del libro Andaluces en los campos de Mauthausen de Sandra Checa, Ángel del Río y Ricardo Martín. |
El 27 de enero se conmemora el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Son muchos los municipios de España que, además de sumarse a esta jornada de recuerdo, dieron un paso más reconociendo a las víctimas locales del Holocausto, mediante la colocación de placas en las calles con los nombres de sus vecinos deportados y asesinados.
Sería un acto de justicia que el Ayuntamiento de Estepona se uniera a esta iniciativa, reconociendo y honrando la memoria de este joven esteponero, víctima del horror nazi, porque mientras sigamos recordándolo, él seguirá formando parte de nosotros.
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| Detalle del monumento donde se puede leer el nombre de Antonio Guerrero Reyes. Archivo fotográfico: José Manuel Portero. |
El siguiente enlace es un magnífico documental con declaraciones de supervivientes del campo de concentración de Mauthausen, producido por Carlos Hernández de Miguel, titulado Los últimos españoles de Mauthausen y del resto de campos nazis.
Fuentes
· Catálogo editado con motivo de la exposición, La Desbandá,1937. De Málaga a los Pirineos, organizada por el Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, con la Universidad de Málaga y la Fundación Unicaja, en cuya sede de Málaga se inauguró el 9 de septiembre de 2022.
· Fondatión pour la Memoire de la Deportatión.
• Mémoire des Hommes (Service Historique de la Défense, Francia).
• BnF Gallica – Bibliothèque Nationale de France (listas oficiales de prisioneros de guerra, 1940).
• Arolsen Archives – International Center on Nazi Persecution.
• Mauthausen Memorial (Austria).
• BOE – Relación oficial de españoles fallecidos en campos nazis.
• Albán Sanz, administrador de la web Las CTE (Compañías de Trabajadores Extranjeros).
· Buscar Combatientes. Buscador de la guerra civil española.
· Gencat. Banco de la Memoria Democrática.
· Las CTE 39-40.
· Memoires de Hommes. Portal Cultural del Ministerio des Armèes et des anciens combattants.
· PARES. Portal de Archivos Españoles.
· Servicio Histórico de la Defensa francés (SHD) Centro de archivos de Vincennes. Ministéres des Armées.
· Orden del Ministerio de Gobernación, 25 de septiembre de 1940. Archivo General de la Administración (AGA).
· Archivo Militar Francés. Registro de la 34ª CTE, 1939.
Referencia
[1] Albán Sanz
[2,5] Juan Francisco Colomina Sánchez, de la Universidad de Almería.
[3,4], Documental de Carlos Hernández de Miguel, Los últimos españoles de Mauthausen y del resto de campos nazis.
Declaraciones recogidas en el documental Los últimos españoles de Mauthausen y del resto de campos nazis.
Bibliografía
· COLOMINA SANCHEZ, Juan Francisco. De Málaga a los Pirineos El largo exilio de los malagueños
Agradecimientos
A la doctora-profesora de la Universidad de Málaga, Lucía Prieto Borrego, por su generosidad al hacer público dicho catálogo y a mi adorable amiga, Carmen Guerrero Hurtado por facilitarme la fotografía de su tío Antonio.
Archivo fotográfico.
· Mari Silva Sánchez.
· Carmen Guerrero Hurtado
· National Archive and Records Administration, College Park, Md.
· Alemania Federal-Wikimedia.
· United States Holocaust Memorial Museum.















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