07 agosto 2022

Cafetería Imperial

 

Fotografía de la barra de la Cafetería Imperial en 1940 aproximadamente.

Detrás de la barra –desafortunadamente, no se aprecia muy bien- están, de izquierda a derecha: una señora de la limpieza; Antonio Jiménez, dueño de la Mezquita (en aquella época trabajaba allí de empleado); Rafael Pérez, propietario de aquella y una señora del servicio de cocina.

Delante de la barra; Paco López Rosales, hermano de Jacinto el que fuera propietario del restaurante, La Venta los Niños; Cayetano Janeiro Navarro y una señora de la limpieza conocida por “La Casareña”.


Fotografía de la Cafetería Imperial en 1940 aproximadamente. Archivo: Teresa Janeiro

La cafetería Imperial se encontraba ubicada en calle Real, donde está el actual edificio Cristal, propiedad de Rafael Pérez, esposo de doña Luisa Rodríguez Martos (farmacéutica). Esta cafetería tenía acceso a calle Castillo por medio de un largo pasillo que desembocaba en la fonda "La Curra", actual Pensión Malagueña. A mitad del pasillo estaba el almacén con las bebidas y el resto de mercancías.

Archivo: Juan Ordoñez


En tiempos de la República, era muy común que los milicianos al grito de UHP (Uníos Hermanos Proletarios), arramblaran en los pequeños comercios con todo cuanto les apetecía. Ese saqueo lo llevaron a cabo también en la cafetería Imperial. Un día, irrumpieron en el almacén y además de desvalijarlo hicieron grandes destrozos. Cayetano, el camarero, que era un tipo muy avispado, ideó un plan para que eso no ocurriera otra vez, porque sabía que volverían. El plan no era otro qué, apilar varias cajas con distintos tipos de bebidas en un rincón del almacén cercano a la puerta, de tal modo que cuando volvieran, tenerlos preparados a mano para pasar a la segunda parte del plan. Ese día no tardó en llegar; Cayetano a través de los cristales los vio venir, y, antes que los milicianos entraran al bar, fue velozmente al almacén, sacó las cajas que tenía preparadas y las puso en medio del pasillo cortándoles el paso. Cuando éstos llegaron, no les dio tiempo a reaccionar, y les dijo: - señores, ahí tienen lo que buscan. Aunque un poco sorprendidos, cogieron su parte del botín y se largaron.

                      Anverso de una carta comercial de 1925 de la Cafetería Imperial, enviada a la
                   empresa proveedora de vinos y licores de Jerez de la Fra. Archivo: Juan Ordoñez

Reverso de la carta.

Cayetano logró su objetivo, que no era otro que, impedir que se llevaran toda la mercancía del almacén y a la vez, evitar que lo destrozaran.

Cuando Rafael, el dueño, se enteró de esa particular iniciativa, le quedó muy agradecido felicitándole por tan genial idea.

A la entrada de los nacionalistas en Estepona en enero de 1937, la historia se volvió a repetir de igual manera, con lo cual, Cayetano, ya experto en esas lides, volvió a utilizar la misma estratagema que llevó a cabo con los milicianos republicanos, funcionándole exitosamente.

Fuente: Teresa Janeiro.

Archivos fotográficos: Teresa Janeiro y Juan Ordoñez

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