Elvira Caffarena Palanca, una mujer perteneciente a la burguesía de la capital malagueña en la convulsa Estepona de los años treinta.
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| Elvira Caffarena. Fuente: Geneanet. Gabriel Caffarena |
La historia de Estepona durante los años de la Segunda República y la Guerra Civil está llena de episodios en los que las convicciones políticas, las circunstancias personales y, sobre todo, las decisiones individuales se entrecruzan de una manera difícil de imaginar hoy.
En aquellos años vivió en nuestra localidad Elvira Caffarena Palanca (Málaga, 14/12/1905), perteneciente a una acomodada familia malagueña y esposa del juez de Primera Instancia e Instrucción de Estepona, Enrique Crooke Campos (Málaga, 11/11/1906). Mujer culta y aficionada a la poesía, Elvira desempeñó además un destacado papel al frente de Acción Católica de Estepona.
Elvira contrajo matrimonio con Enrique Crooke el 24 de diciembre de 1931, en la iglesia de San Juan de Málaga [1], pocos días después de que este hubiera sido destinado al Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Estepona. El matrimonio tuvo cinco hijos: Elvira, María Dolores, Enrique, Francisco y Ángela, todos ellos nacidos durante los años en que su padre ejerció como juez en nuestra localidad.
Enrique Crooke Campos fue Juez de Primera Instancia e Instrucción en Estepona desde 1931 hasta 1936 y posteriormente titular del Juzgado Militar nº 14, cargo que desempeñó hasta 1944, año en que fue trasladado a Vélez-Málaga.
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| Enrique Crooke. Fuente: Geneanet. Gabriel Caffarena. |
Existe un documento de extraordinario interés, fechado el 27 de marzo de 1937, firmado por las dirigentes de Acción Católica y encabezado por su presidenta, Elvira Caffarena, en apoyo de Félix Troyano Uceda, alcalde republicano de Estepona, que por entonces se encontraba sometido a un consejo de guerra.
En el escrito, las firmantes hacen constar que durante su mandato Troyano permitió en todo momento la práctica del culto religioso, mostró el máximo respeto hacia quienes lo practicaban y permitió el desarrollo de las actividades de esta asociación.
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| Fuente: Archivo Histórico Municipal de Estepona (AHME) |
Pero para comprender el verdadero significado de aquel documento hay que retroceder unos meses y situarse en uno de los episodios más convulsos vividos en Estepona durante la Guerra Civil.
Félix Troyano Uceda, alcalde republicano de Estepona y hombre de izquierdas, había mantenido durante su mandato una actitud de tolerancia hacia la Iglesia y hacia quienes profesaban la religión católica, algo que Elvira Caffarena, como presidenta de Acción Católica, dejaría expresamente recogido en el escrito presentado en su defensa.
Pero la gratitud de Elvira hacia Troyano tenía además una razón mucho más personal.
El 19 de julio de 1936, Enrique Crooke Campos, su marido y juez de Estepona, fue encarcelado junto a una cincuentena de vecinos de derechas. Cuando, a primeros de agosto, el gobernador civil ordenó que los detenidos fueran trasladados a Málaga, cundió el pánico entre ellos, pues temían ser asesinados durante el trayecto, como así ocurrió con los treinta y ocho infortunados vecinos de Casares que, en circunstancias similares, fueron trasladados a Málaga a primeros de septiembre y ejecutados por el camino: unos en el río Castor, en Estepona, y los demás en el paraje del Pozuelo, en Marbella.
Por cierto, desde entonces, en el río Castor hubo durante muchos años, hasta hace relativamente poco tiempo, un monolito que recordaba a las personas asesinadas en aquel lugar.
Al parecer, un familiar de una de las personas allí ejecutadas decidió retirarlo y llevárselo en su propio vehículo. No fue un hecho cometido durante la noche ni de forma clandestina: ocurrió a plena luz del día.
Desde aquí queremos hacerle un llamamiento para que lo devuelva al pueblo de Estepona y lo ponga a disposición del arqueólogo municipal, para que pueda encontrarle un lugar adecuado donde quede protegido y no vuelva a sufrir ningún tipo de expolio o desaparición.
Fue entonces cuando Félix Troyano se personó en la cárcel y, desobedeciendo la orden recibida, se enfrentó a los milicianos y dispuso que los presos no fueran trasladados.
Aquella decisión le costaría el cargo: fue destituido fulminantemente como alcalde por haber desobedecido las órdenes del gobernador.
Entre aquellos hombres cuya vida había quedado a salvo gracias a aquella decisión se encontraba el juez Enrique Crooke.
El juez Crooke y su familia consiguieron huir de Estepona y dirigirse hacia Málaga, donde encontraron refugio en Villa Maya, sede del Consulado de México en Málaga y residencia del cónsul honorario, Porfirio Smerdou. Este diplomático, de origen alemán y profundamente comprometido con la labor humanitaria, llegó a poner en riesgo su propia seguridad para proteger a numerosas personas perseguidas y amenazadas de muerte, tanto del bando republicano como del sublevado.
El periodista e investigador Diego Carcedo lo denominó el «Schindler de la Guerra Civil», en referencia a la extraordinaria labor que desarrolló desde Villa Maya, donde, junto a otras personas que colaboraron con él, consiguió salvar la vida de numerosos perseguidos.
Su actuación constituye uno de esos claros ejemplos de generosidad y humanidad que, incluso en tiempos de guerra cuando el ser humano saca lo peor y lo mejor de si mismo, son capaces de situarse por encima de las ideologías. Existe un documental dedicado a su figura que resulta especialmente interesante y que refleja muy bien aquella labor. Al final de sus créditos aparece una frase que, a mi juicio, resume perfectamente el espíritu de esta historia:
«Este documental está dedicado a todas aquellas personas que anteponen la humanidad y la concordia a las ideologías. Porque frente al dolor de cualquier víctima no existen bandos ni colores ni banderas».
La lista de Porfirio | CanalSur Más
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| Villa Maya. El Limonar (Málaga) Fuente: Google maps. |
Meses después, la situación se había invertido por completo. Estepona había caído en manos de las tropas sublevadas y Félix Troyano se encontraba detenido y sometido a consejo de guerra. Paradójicamente, uno de los hombres cuya vida había protegido era ahora llamado por el propio Troyano para declarar en su favor.
Como hemos visto, detrás de aquel documento existía una historia mucho más profunda, en la que aparecen personas situadas en posiciones políticas antagónicas y, sin embargo, unidas por circunstancias en las que prevalecieron la gratitud, la dignidad y el respeto por la vida humana.
Las muestras de apoyo se sucedieron en numerosos escritos y testimonios de otros tantos vecinos derechistas de Estepona, como el del acaudalado terrateniente y propietario José Nadal Guerrero, que desplegó una campaña en favor de su salvación; varios falangistas; el testimonio de Sor Casilda y demás religiosas de su congregación, etc.
Entre las numerosas declaraciones individuales a favor del alcalde destaca esta otra de Elvira Caffarena, en la que atestigua lo siguiente:
«[…] había oído decir a la Superiora del Hospital de Caridad de esta localidad, residente hoy en Alhama de Granada, que Troyano las defendió constantemente, logrando que salieran de Estepona sin molestia ninguna, acompañándolas hasta el coche el propio Troyano; y que este le dio la noticia del asesinato del coadjutor Téllez, demostrando que le había afectado vivamente, conservando en su poder las gafas de dicho sacerdote como recuerdo del afecto que le profesaba, constándole a la declarante que este afecto era correspondido, pues oyó en múltiples ocasiones decir al Padre Téllez que Troyano era un hombre de gran lealtad, muy buenos sentimientos e incapaz de hacer daño a nadie. […]» [2]
El 9 de diciembre de 1938 se reunió el Consejo de Guerra contra el alcalde. Como testigos de descargo comparecieron ante el tribunal Cándido Ortiz Lozano, José Nadal Guerrero, Carmen González Ruiz Verdejo, su esposo Bonifacio Guitard Martínez, teniente coronel de Intendencia, y Elvira Caffarena Palanca, quienes coincidieron en afirmar que don Félix Troyano había observado buena conducta con todos sus conciudadanos, fueran del signo político que fueran.
Elvira fue además una mujer culta y con una gran sensibilidad hacia la poesía, llegando a escribir un pequeño libro de poemas [3]. El volumen se encuentra depositado en la Biblioteca Nacional de España y, según consta en la edición, únicamente se publicaron 35 ejemplares. Después de mucho buscar, he conseguido localizar uno de ellos.
En sus versos aparece la voz de una mujer- no se sabe en quien se inspiró- que contempla retrospectivamente su matrimonio. Tras recordar la ilusión con la que llegó al altar y los sueños que depositó en aquella unión, el poema describe un camino de sufrimiento y desengaño, para terminar finalmente con una mirada esperanzada hacia las nuevas generaciones.
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| Poemario de Elvira. Fuente: Archivo Nacional de España. |

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