01 septiembre 2026

Elvira Caffarena Palanca

        Elvira Caffarena Palanca, una mujer perteneciente a la burguesía de la capital malagueña en la convulsa Estepona de los años treinta.

Elvira Caffarena. Fuente: Geneanet. Gabriel Caffarena


            La historia de Estepona durante los años de la Segunda República y la Guerra Civil está llena de episodios en los que las convicciones políticas, las circunstancias personales y, sobre todo, las decisiones individuales se entrecruzan de una manera difícil de imaginar hoy.

            En aquellos años vivió en nuestra localidad Elvira Caffarena Palanca (Málaga, 14/12/1905), perteneciente a una acomodada familia malagueña y esposa del juez de Primera Instancia e Instrucción de Estepona, Enrique Crooke Campos (Málaga, 11/11/1906). Mujer culta y aficionada a la poesía, Elvira desempeñó además un destacado papel al frente de Acción Católica de Estepona.

            Elvira contrajo matrimonio con Enrique Crooke el 24 de diciembre de 1931, en la iglesia de San Juan de Málaga [1], pocos días después de que este hubiera sido destinado al Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Estepona. El matrimonio tuvo cinco hijos: Elvira, María Dolores, Enrique, Francisco y Ángela, todos ellos nacidos durante los años en que su padre ejerció como juez en nuestra localidad.

        Enrique Crooke Campos fue Juez de Primera Instancia e Instrucción en Estepona desde 1931 hasta 1936 y posteriormente titular del Juzgado Militar nº 14, cargo que desempeñó hasta 1944, año en que fue trasladado a Vélez-Málaga.

Enrique Crooke. Fuente: Geneanet. Gabriel Caffarena.


        Existe un documento de extraordinario interés, fechado el 27 de marzo de 1937, firmado por las dirigentes de Acción Católica y encabezado por su presidenta, Elvira Caffarena, en apoyo de Félix Troyano Uceda, alcalde republicano de Estepona, que por entonces se encontraba sometido a un consejo de guerra.

        En el escrito, las firmantes hacen constar que durante su mandato Troyano permitió en todo momento la práctica del culto religioso, mostró el máximo respeto hacia quienes lo practicaban y permitió el desarrollo de las actividades de esta asociación.

Fuente: Archivo Histórico Municipal de Estepona (AHME)


        Pero para comprender el verdadero significado de aquel documento hay que retroceder unos meses y situarse en uno de los episodios más convulsos vividos en Estepona durante la Guerra Civil.

        Félix Troyano Uceda, alcalde republicano de Estepona y hombre de izquierdas, había mantenido durante su mandato una actitud de tolerancia hacia la Iglesia y hacia quienes profesaban la religión católica, algo que Elvira Caffarena, como presidenta de Acción Católica, dejaría expresamente recogido en el escrito presentado en su defensa.

        Pero la gratitud de Elvira hacia Troyano tenía además una razón mucho más personal.

        El 19 de julio de 1936, Enrique Crooke Campos, su marido y juez de Estepona, fue encarcelado junto a una cincuentena de vecinos de derechas. Cuando, a primeros de agosto, el gobernador civil ordenó que los detenidos fueran trasladados a Málaga, cundió el pánico entre ellos, pues temían ser asesinados durante el trayecto, como así ocurrió con los treinta y ocho infortunados vecinos de Casares que, en circunstancias similares, fueron trasladados a Málaga a primeros de septiembre y ejecutados por el camino: unos en el río Castor, en Estepona, y los demás en el paraje del Pozuelo, en Marbella.

             Por cierto, desde entonces, en el río Castor hubo durante muchos años, hasta hace relativamente poco tiempo, un monolito que recordaba a las personas asesinadas en aquel lugar.

            Al parecer, un familiar de una de las personas allí ejecutadas decidió retirarlo y llevárselo en su propio vehículo. No fue un hecho cometido durante la noche ni de forma clandestina: ocurrió a plena luz del día.

        Desde aquí queremos hacerle un llamamiento para que lo devuelva al pueblo de Estepona y lo ponga a disposición del arqueólogo municipal, para que pueda encontrarle un lugar adecuado donde quede protegido y no vuelva a sufrir ningún tipo de expolio o desaparición. 

        Fue entonces cuando Félix Troyano se personó en la cárcel y, desobedeciendo la orden recibida, se enfrentó a los milicianos y dispuso que los presos no fueran trasladados.

            Aquella decisión le costaría el cargo: fue destituido fulminantemente como alcalde por haber desobedecido las órdenes del gobernador.

            Entre aquellos hombres cuya vida había quedado a salvo gracias a aquella decisión se encontraba el juez Enrique Crooke.

Don Félix Troyano preside un acto en la Casa de las Tejerina (pudo ser durante la inauguración del Hospital de Caridad) en la década de 1930. Al fondo, puede distinguirse al juez,  Enrique Crooke Campos. En la imagen aparecen también miembros de la Corporación municipal y provincial, representantes de la Iglesia, farmacéuticos y destacados propietarios de la localidad. Archivo de Felisa Troyano cedido al autor de esta publicación.


        El juez Crooke y su familia consiguieron huir de Estepona y dirigirse hacia Málaga, donde encontraron refugio en Villa Maya, sede del Consulado de México en Málaga y residencia del cónsul honorario, Porfirio Smerdou. Este diplomático, de origen alemán y profundamente comprometido con la labor humanitaria, llegó a poner en riesgo su propia seguridad para proteger a numerosas personas perseguidas y amenazadas de muerte, tanto del bando republicano como del sublevado.

        El periodista e investigador Diego Carcedo lo denominó el «Schindler de la Guerra Civil», en referencia a la extraordinaria labor que desarrolló desde Villa Maya, donde, junto a otras personas que colaboraron con él, consiguió salvar la vida de numerosos perseguidos.

        Su actuación constituye uno de esos claros ejemplos de generosidad y humanidad que, incluso en tiempos de guerra cuando el ser humano saca lo peor y lo mejor de si mismo, son capaces de situarse por encima de las ideologías. Existe un documental dedicado a su figura que resulta especialmente interesante y que refleja muy bien aquella labor. Al final de sus créditos aparece una frase que, a mi juicio, resume perfectamente el espíritu de esta historia:

«Este documental está dedicado a todas aquellas personas que anteponen la humanidad y la concordia a las ideologías. Porque frente al dolor de cualquier víctima no existen bandos ni colores ni banderas».

La lista de Porfirio | CanalSur Más

Villa Maya. El Limonar (Málaga) Fuente: Google maps.

           Meses después, la situación se había invertido por completo. Estepona había caído en manos de las tropas sublevadas y Félix Troyano se encontraba detenido y sometido a consejo de guerra. Paradójicamente, uno de los hombres cuya vida había protegido era ahora llamado por el propio Troyano para declarar en su favor.

        Como hemos visto, detrás de aquel documento existía una historia mucho más profunda, en la que aparecen personas situadas en posiciones políticas antagónicas y, sin embargo, unidas por circunstancias en las que prevalecieron la gratitud, la dignidad y el respeto por la vida humana.

        Las muestras de apoyo se sucedieron en numerosos escritos y testimonios de otros tantos vecinos derechistas de Estepona, como el del acaudalado terrateniente y propietario José Nadal Guerrero, que desplegó una campaña en favor de su salvación; varios falangistas; el testimonio de Sor Casilda y demás religiosas de su congregación, etc.

        Entre las numerosas declaraciones individuales a favor del alcalde destaca esta otra de Elvira Caffarena, en la que atestigua lo siguiente:

«[…] había oído decir a la Superiora del Hospital de Caridad de esta localidad, residente hoy en Alhama de Granada, que Troyano las defendió constantemente, logrando que salieran de Estepona sin molestia ninguna, acompañándolas hasta el coche el propio Troyano; y que este le dio la noticia del asesinato del coadjutor Téllez, demostrando que le había afectado vivamente, conservando en su poder las gafas de dicho sacerdote como recuerdo del afecto que le profesaba, constándole a la declarante que este afecto era correspondido, pues oyó en múltiples ocasiones decir al Padre Téllez que Troyano era un hombre de gran lealtad, muy buenos sentimientos e incapaz de hacer daño a nadie. […]» [2]

        El 9 de diciembre de 1938 se reunió el Consejo de Guerra contra el alcalde. Como testigos de descargo comparecieron ante el tribunal Cándido Ortiz Lozano, José Nadal Guerrero, Carmen González Ruiz Verdejo, su esposo Bonifacio Guitard Martínez, teniente coronel de Intendencia, y Elvira Caffarena Palanca, quienes coincidieron en afirmar que don Félix Troyano había observado buena conducta con todos sus conciudadanos, fueran del signo político que fueran.

        Elvira fue además una mujer culta y con una gran sensibilidad hacia la poesía, llegando a escribir un pequeño libro de poemas [3]. El volumen se encuentra depositado en la Biblioteca Nacional de España y, según consta en la edición, únicamente se publicaron 35 ejemplares. Después de mucho buscar, he conseguido localizar uno de ellos.

        Son poemas dedicados a sus hijos, en los que se puede apreciar el cariño que les profesaba. Sin embargo, hay uno dedicado a sus nietos y que me ha llamado especialmente la atención por su tono de tristeza: «Mi última ilusión».

Poema de Elvira en la última página del libro.
 Fuente: Biblioteca Nacional de España.


    En este último poema aparece la voz de una mujer- no se sabe en quien se inspiró- que contempla retrospectivamente su matrimonio. Tras recordar la ilusión con la que llegó al altar y los sueños que depositó en aquella unión, el poema describe un camino de sufrimiento y desengaño, para terminar finalmente con una mirada esperanzada hacia las nuevas generaciones.


Poemario de Elvira. Fuente: Archivo Nacional de España.

REFERENCIAS

[1] Geneanet. Gabriel Caffarena.

[2] Expediente judicial de Félix Troyano, depositado en el Archivo Histórico            Municipal de Estepona (AHME), facilitado por la profesora Lucía Prieto Borrego.

FUENTES Y AGRADECIMIENTOS 

Una parte fundamental de la información recogida en este artículo procede de los trabajos de la profesora Lucía Prieto Borrego, especialmente de su libro Los días de la ira..., así como de otras investigaciones y documentos facilitados por la propia autora, a quien agradezco su generosidad y su valiosa aportación al conocimiento de aquella época convulsa.

21 julio 2026

Represión franquista de mi abuela materna

La historia de la represión de mi abuela materna, Antonia Illescas Pavón

 
Antonia Illescas Pavón. Autor, Domingo Escarcena Cheeswright.
 Archivo, Juan Ordóñez

             En una investigación completamente distinta, un día me topé con una breve reseña en el Boletín Oficial del Estado del 19 de abril de 1944. Entre una larguísima lista de nombres aparecía el de mi abuela materna, Antonia Illescas Pavón, junto al número de expediente 254. El Presidente de la Audiencia Provincial y del Tribunal de Responsabilidades Políticas de Málaga comunicaba que aquel expediente quedaba sobreseído, y que mi abuela recuperaba la libre disposición de sus bienes, quedando cancelados los embargos y trabas que pesaban sobre ella.

BOE, 19 de abril de 1944, p, 1566


              Aquella pequeña nota del BOE fue el hilo del que empecé a tirar.

        Durante mucho tiempo intenté encontrar ese expediente nº 254, convencido de que encajaría como las piezas de un rompecabezas con la historia oral que conocía: una imputación falsa, encarcelamiento y el peligro real de que mi abuela tuvo todo en su contra y podía haber sido ejecutada.

Busqué en numerosos archivos sin éxito: Archivos Judiciales; Archivo de la Real Chancillería de Granada; Archivo Histórico del Tribunal Militar Territorial Segundo de Sevilla (TMT2); Juzgado Togado Militar Territorial nº 23 de Almería (JUTOTER) y por último en el Archivo Histórico Provincial de Málaga y desafortunadamente, todas mis pesquisas fueron infructuosas. Todos los archivos citados apuntaban que donde podría estar es en el Archivo Histórico Provincial de Málaga, pero   tras ir allí personalmente, tampoco lo encontraron. Cabe pensar después de mucho indagar que el expediente original ya no existe. Muchos expedientes fueron destruidos expurgados o se dispersaron cuando desapareció la jurisdicción de Responsabilidades Políticas. Gracias a la profesora titular de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Málaga, Lucía Prieto Borrego quien amablemente me sugirió que buscara en el Archivo Histórico Municipal de Estepona, pude encontrar las copias de los oficios, informes y diligencias que formaron parte de aquel expediente.

        En el AHME encontré los informes que el Juzgado Instructor Provincial de Responsabilidades Políticas solicitó a Falange, a la Guardia Municipal y a la Comandancia Militar de Estepona sobre los antecedentes político‑sociales de mi abuela, tanto antes como después del golpe de Estado.

Ingreso en prisión el 29-3-1937. Ahí aparece encarcelada junto a la infortunada Isabel Cano Carrasco quien fue ejecutada el 5 de mayo de 1937, día de la Ascensión. Archivo Histórico Municipal de Estepona (AHME) 


      Estos documentos no cuentan la verdad ni son ciertas las imputaciones que injustamente acusaban a mi abuela, atribuyéndole ideas izquierdistas; significación política y propaganda marxista, solo refleja como la administración falangista la veía. La única verdad que reflejan esos informes infames es que no tenía bienes. El único patrimonio era su casa de calle Almengual nº 4. La verdadera historia es que ella, en los pocos ratos de relajo que tenía leía el periódico sentada en su silla de enea en la puerta de su casa.  Las vecinas – muchas analfabetas- acudían y se sentaban en derredor para pedirle que leyera en voz alta y enterarse de las noticias. Tengamos en cuenta que, en esa época, en Andalucía el nivel de analfabetismo era altísimo, máxime entre las mujeres.

Primera diligencia penitenciaria. Se incorpora una anotación sobre su situación en prisión, 30-3-1937. Archivo Histórico Municipal de Estepona (AHME).

Diligencia de libertad, 31-3-1937 La documentación indica aparentemente que se acuerda su puesta en libertad al no mantenerse cargos suficientes contra ella. Archivo Histórico Municipal de Estepona (AHME)


              Fue encarcelada junto a Isabel Cano Carrasco, suegra de Luis Grimaldi. Isabel no tuvo la misma suerte: fue fusilada el 5 de mayo de 1937 día de la Ascensión junto a un numeroso grupo de personas. Sus restos "reposan" en una fosa común del cementerio de La Lobilla, catalogada por el Ministerio de la Presidencia como fosa 1780/2010 MALA, en un lugar indeterminado, posiblemente, bajo nichos construidos con posterioridad.
 
Cementerio de La Lobilla. Autor: Juan Ordóñez Bazán.

            Mi abuela estuvo a punto de correr la misma suerte. Según los testimonios familiares, se salvó gracias a la intervención de su hermano Melchor Illescas, miembro de la Comisión Gestora Municipal instaurada tras el golpe de Estado. En aquellos primeros meses, las Gestoras tenían un enorme poder: podían avalar, desmentir o confirmar acusaciones.
 
Oficio del Juzgado Instructor Provincial solicitando antecedentes políticos y sociales conforme a la Ley de Responsabilidades Políticas, 9-12-1941. Archivo Histórico Municipal de Estepona. (AHME).


Nota manuscrita al dorso del documento anterior. Reproduzco literalmente lo que dice: “Debe ser antonia (sic) illescas (sic) pavón (sic), que resulta de mala conducta político social antes y durante el movimiento sinpatizante (sic) de izquierda semanifesto (sic) varias bese (sic) en sus charlas contraria al nuestro alzamiento nacional, no tiene vienes (sic) abita (sic) en esta calle Almengual nº 4”

        A veces, un documento histórico como el de arriba se delata no por lo que dice, sino por lo que no sabe decir. En el dorso de ese papel amarillento, entre faltas de ortografía, aparece una frase que lo resume todo: “Debe ser Antonia Illescas Pavón”. Ese “Debe ser” es la huella escrita de una duda: el denunciante no sabía ni a quién estaba acusando.

        En el anverso del expediente habían puesto Antonio y cuando alguien advirtió el error, en vez de corregirlo con rigor, añadió esa coletilla imprecisa: Debe ser… 

        Y en medio de esa maraña, mi abuela -que no era marxista, ni agitadora, ni simpatizante de nada- quedó además atrapada en un burdo texto donde la acusaban sin saber quién era.

La Guardia Municipal emite un informe sobre la conducta política de mi abuela donde persisten en el error de si será Antonio o Antonia. El proceso chapucero hacía aguas por todas partes. 29-12-1941. Archivo Histórico Municipal
 de Estepona (AHME)



Solicitud de informe a la jefatura local de Falange Española Tradicionalista
Archivo Histórico Municipal de Estepona (AHME) 20-1-1942
Este informe de Falange responde atribuyéndole Ideas izquierdistas, significación política y propaganda marxista. Archivo Histórico Municipal de Estepona (AHME) 24-1-1942.



        Para comprender el alcance de aquella represión, es imprescindible recordar cómo funcionaron las Comisiones de Incautación y el Tribunal de Responsabilidades Políticas, instrumentos creados para llevar la represión al ámbito civil y económico.

        En el siguiente artículo publicado en Málaga Hoy, Fernando Arcas y Manuel Morales, compañeros de la profesora Prieto Borrego nos dan una idea de como funcionaban dichas Comisiones de Incautación:

“Málaga Hoy

Descubren 4.000 causas por responsabilidad política

Un equipo dirigido por los historiadores de la Universidad de Málaga Fernando Arcas y Manuel Morales investiga la incautación de bienes acometida por el franquismo. Las comisiones de incautación y el tribunal de responsabilidades políticas fueron los instrumentos de los primeros años de la dictadura para llevar la represión a la vida civil y económica.

[…]La Universidad Málaga (UMA) ha sacado a la luz más de 4.000 causas abiertas en la provincia hasta 1945 por las comisiones de incautación y el Tribunal de Responsabilidades Políticas, las figuras que creó el franquismo para <<hacer llegar hasta el último lugar la represalia>>, explican Fernando Arcas y Manuel Morales, profesores del departamento de Historia Moderna y Contemporánea, que coordinan en Málaga una investigación que se desarrolla en todas las provincias andaluzas sobre el tribunal de responsabilidades políticas.

Hasta 1939 funcionaron las comisiones de incautación para intervenir los bienes de todo aquel que hubiera sido leal a la República. Desde que hace dos años se inició el trabajo se han descubierto en la provincia la existencia de 1.571 expedientes. En febrero de 1939 se promulgó la Ley de Responsabilidad Política, que creaba un tribunal de responsabilidad política para llevar al plano civil y económico la represión. Hasta ahora, el equipo de historiadores ha descubierto documentos que confirman la existencia 2.433 causas y ha localizado 553 expedientes.

Este tribunal, presidido por el gobernador civil, lo conformaban un magistrado de la Audiencia Provincial y un abogado del Estado, además de un juez instructor, tarea que en Málaga desempeñó un militar. El procedimiento constaba de cuatro informes, de carácter político, emitido por la Falange; moral, firmado por el párroco; patrimonial, expedido por el alcalde; y otro sobre comportamiento y antecedentes penales, que elaboraba la Guardia Civil.

No existía la figura del abogado defensor. Si acaso, el procesado podía esperar la buena acción de algún informante. Es decir, algún particular no sospechoso para el régimen que estuviera dispuesto a defender que era una persona de bien. Pero esta figura también se le podía volver en contra, dando cabida a delatores.

<<Se examina toda la sociedad para hallar hasta el último vestigio de las personas que colaboraron con la República. Fue una represalia exhaustiva, que atemoriza y paraliza para imponer el miedo como estado de ánimo colectivo>>, indica Arcas. Fue una represión <<fría, calculada y premeditada>> que, además, tuvo carácter retroactivo, porque la Ley de Responsabilidades Políticas perseguía todas las actividades realizadas desde la revolución de 1934. Esta retroactividad explica por qué de los 553 procedimientos hallados, 68 fueron contra personas ya fallecidas, de ellas 31 fusiladas, y más de 40 exiliados.

La acción del tribunal abarcó todos los estratos sociales: además de centenares jornaleros, campesinos, labradores y arrieros, fueron procesados, según lo descubierto hasta ahora, 25 industriales, 19 médicos, seis catedráticos, 11 terratenientes, 72 militares, tres guardias civiles, numerosos carabineros y algunos guardias de asalto. Y quienes no tuviesen bienes incautables se veían sometidos a multas que pagaban a plazos. La ley establecía inhabilitaciones profesionales, confinamientos, destierro, pérdida de bienes y multas para los encausados.

El colapso burocrático que generó la persecución civil y económica de los republicanos obligó a modificar la Ley de Responsabilidades Políticas en 1942, con el fin de agilizar los procedimientos. A partir de ese momento se empezaron a archivar parte de las causas, hasta que en 1945 fue derogada la norma, aunque numerosos procedimientos, a consecuencia de la propia inercia administrativa, se mantuvieron vivos hasta 1966.  [ …]”.

         Aunque finalmente fue liberada, la pesadilla no terminó. Mi abuela soportó siete años de investigación y represión, embargos de bienes y la sombra constante del expediente 254. A pesar de todo, sacó adelante a sus nueve hijos, trabajando sin descanso y amasando pan cada madrugada para vender a sus vecinos.
 
        Su historia es la de tantas mujeres anónimas que sostuvieron a sus familias en los años más duros de la posguerra.

       Este pequeño trabajo de investigación es un homenaje a ella y a todas las mujeres que, mantuvieron en pie a sus hogares en tiempos de hambruna, miedo y silencio dentro de una dictadura que ejerció una  represión brutal e inmisericorde.


"La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado... "
March Bloch, historiador francés.




FUENTES

· Archivo Histórico Municipal de Estepona (AHME)

· Malaga Hoy


AGRADECIMIENTOS

A la profesora Lucía Prieto Borrego y a Alfredo Galán director del Archivo Histórico
Municipal de Estepona, por su buena disposición siempre prestos a ayudar a los que nos apasiona la investigación.



25 marzo 2026

Correspondencia entre Anita Gil Chacón y José Luis Estrada Segalerva.

Correspondencia entre Anita Gil Chacón y José Luis Estrada Segalerva sobre el torero esteponero Francisco Gil Chacón.

Francisco Gil Chacón. Autor: Miguel Ramírez. Archivo: Teresa Janeiro


        La historia de Estepona está llena de personajes que marcaron para siempre la memoria del pueblo. Entre ellos destaca el malogrado torero esteponero Francisco Gil Chacón, conocido aquí como Frasquito Gil, un joven valiente y carismático cuya prometedora carrera quedó truncada de forma trágica el 24 de junio de 1935, día de San Juan y primero de feria, cuando sufrió un fatal accidente en la plaza de toros de Estepona al clavarse accidentalmente su propio estoque en una arteria de la pierna derecha.


Archivo: Mariano Cabanillas

        Este trabajo tiene un material absolutamente excepcional: las cartas inéditas que intercambiaron su hermana, Anita Gil Chacón, y José Luis Estrada Segalerva, figura destacada de la vida política y cultural malagueña, quien quiso incluir un capítulo dedicado a la vida de Frasquito en un libro que tenía en mente escribir titulado Toreros malagueños de todos los tiempos.


José Luis Estrada Segalerva (1906–1976)

        Figura destacada de la vida política, cultural y empresarial malagueña, fue abogado; empresario de la industria de la caña de azúcar; alcalde de Málaga; miembro del Sindicato Nacional del Azúcar; procurador a Cortes durante tres legislaturas del período franquista; escritor y poeta; inspector técnico fiscal del Estado; presidente del Club Deportivo Málaga; miembro del grupo fundador de Falange Española en Málaga; Jefe del Sindicato Nacional del Seguro y presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo. Era hijo de José Estrada y Estrada, ministro de Gracia y Justicia en el gobierno de Berenguer.

José Luis Estrada Segalerva. Fotografía extraída de su libro Personajes de Málaga, vía blog Personajes malagueños que aún no habiendo nacido en nuestra ciudad, formaron parte de ella.

        Estas cartas, donde relata recuerdos familiares y anécdotas vividas, son un testimonio escrito único sobre la vida de este torero. Gracias a la generosidad de quienes han conservado este legado, hoy podemos acercarnos un poco más a la figura de Frasquito, al cariño inmenso que su familia le profesó y a la admiración de su pueblo.

      La figura del torero esteponero Francisco Gil Chacón ocupa un lugar destacado en la memoria taurina local. Nacido a comienzos del siglo XX (el 4 de abril de 1909), su carrera —marcada por un estilo valiente y una personalidad arrolladora— se vio truncada el 24 de junio de 1935, cuando sufrió una herida mortal durante una corrida en la plaza de toros de Estepona. Décadas después, entre 1968 y 1972, su hermana Anita mantuvo correspondencia con José Luis Estrada Segalerva (1906–1976), figura relevante de la vida cultural malagueña. Estrada, que preparaba la obra anteriormente citada Toreros malagueños de todos los tiempos, solicitó información biográfica, fotografías y documentos con la intención de dedicarle un capítulo.

        En el Libro de Actas del Pleno del Ayuntamiento de Estepona, en la sesión celebrada el 27 de junio de 1935, consta una reseña referente al fallecimiento del novillero. La transcribo a continuación: " Pésame muerte Gil Chacón. Asimismo, se tomó por unanimidad el acuerdo de hacer constar en acta el sentimiento de la Corporación por la muerte del valiente y pundonoroso novillero, hijo de este pueblo, Francisco Gil Chacón, y que este acuerdo fuese comunicado oficialmente a la familia".

Archivo Histórico Municipal de Estepona


        Las cartas de Anita redactadas con la espontaneidad y el sabor lingüístico propios de la Estepona de su época - para ser una señora que nació a principios del s. XX donde el nivel de analfabetismo era muy alto, escribía con una buena redacción-, constituyen hoy un valioso documento histórico. En ellas relata la infancia de su hermano, sus inicios, anécdotas familiares, triunfos en plazas de Andalucía y Levante, así como los dramáticos acontecimientos que rodearon su muerte y el profundo impacto que esta causó en su familia.

         A pesar del interés de Estrada y del abundante material recopilado, todo indica que el libro nunca llegó a ver la luz, probablemente debido a la amplitud del proyecto y al fallecimiento del autor en 1976. La correspondencia conservada permite reconstruir un poco más la figura de Frasquito.

        El 14 de marzo de 1968, Estrada envió una carta a Anita solicitando documentación sobre su difunto hermano. A continuación reproduzco su contenido:

Archivo: Mariano Cabanillas Gil


            El alcalde que hace mención la carta era Ángel Farinós Zurbano.

        El 25 de abril de 1968, Anita envió a Estrada la abundante documentación que conservaba sobre su hermano. A continuación transcribo casi literalmente la carta manuscrita que le remitió, respetando la forma de expresarse propia de la Estepona de aquella época, muy interesante a mi modo de ver. Se trata de un documento inédito en el que Anita traza una emotiva semblanza de la vida de su hermano Francisco:
Carta de Anita. Archivo: Mariano Cabanillas



“Muy Sr. mío:

        Perdón ante todo por la tardanza. Cuando recibí su carta estaba en casa de otra hermana mía, donde he estado más de dos meses, pues ha tenido la desgracia de perder un hijo con 30 años, capitán de la Guardia Civil, dejando una niñita pequeña. He estado acompañándola en tan gran sufrimiento, por eso no le pude contestar enseguida, pues ya quería mandarle todos los datos que de mi pobre hermano (q.e.p.d.) yo guardaba en ésta su casa.

        Tras mucho papelear, lo que no encontraba era el carnet, que por fin esta noche lo he encontrado, y le envío todos esos retratos, reseñas y carteles. Hay más cosas, pero no las encuentro.
Anita Gil Chacón y su esposo Mariano Cabanillas Sánchez.
Autor: Miguel Ramírez. Archivo: Angelines Mata Cabanillas.

        Él nació el 4 de abril de 1909, según el carnet. Fue el 5º hijo de mis padres y primer varón, por cuyo motivo le decíamos “el Deseado”. Fuimos 7 hermanos: 4 hembras y 3 varones (María, Ana, Francisca, Teresa, Francisco, José y Cristóbal), y el único que faltó fue él.

        Mi madre, la pobre, para todos fue muy cariñosa, pero con él era locura, pues en su infancia siempre fue muy simpático y travieso, y muy gracioso, bonito, guapo, elegante… Pues mis padres, honorables y honrados (sin pasión de ser su hija), eran lo mejor de lo mejor. Familia muy querida y bien mirada en el pueblo, de cuyos antepasados aún se conserva en la casa de mis abuelos maternos el escudo nobiliario (se refiere a la antigua Pensión Pilar), la única casa que hay en Estepona con ese escudo.

        Mis padres siempre tuvieron tienda de comestibles y fábrica de aguardiente, pero con tantos hijos y los tiempos muy malos no pudieron darnos carrera a ninguno. Ya a Francisco (q.e.p.d.) lo mandó al buque escuela “Nautilus” con 14 años. Antes lo había mandado a Larache con un tío mío que tenía allí tienda de tejidos, para irlo imponiendo, pero este tío mío era soltero, y él, como era muy revoltoso, se levantaba de noche a escribir a máquina y necesitaba estar pendiente de él, no fuera a pasarle algo. Tuvo que optar por mandarlo otra vez a casa, que fue cuando lo mandaron mis padres a la Marina.
Venta Santa Teresa, casa solariega junto al río Padrón de la familia Gil Chacón. A la derecha, la fábrica de aguardiente de su propiedad. En la fachada oriental posa la familia al completo para el fotógrafo y, en el balcón central, Sebastiana Grimaldi, la mujer que cuidó con cariño y entrega a todos los hermanos Gil desde su infancia. Muchos años después, siendo anciana, Anita le devolvería ese afecto cuidándola incondicionalmente con la misma dedicación hasta sus últimos días. 
Autor: Miguel Ramírez. Archivo: Angelines Mata Cabanillas.



La misma casa desde otra perspectiva. De nuevo, la familia posa para el fotógrafo:
los padres sentados en el porche y varios de los hijos asomados a los balcones. En el de la derecha  aparece el pequeño Francisco, quien años más tardes se convertiría en torero.
Autor: Miguel Ramírez. Archivo: Angelines Mata Cabanillas.



        Allí, como siempre fue muy listo y bueno, todas las pruebas que hacía él las ganaba: en submarinos, hablar por banderas, morse y demás. Fue cabo de marinería siendo casi un niño, y hubiera sido el maestre más joven de la Marina, pero se licenció por su afición a los toros. Estando en Cartagena, en el año 29, hasta vestido de marino se iba a torear y lo arrestaban, pero era tan simpático que lo soltaban enseguida, y varias veces hizo la misma operación.

        A él lo miraban con cariño los capitanes de corbeta D. Manuel Viana y Velando y D. Salvador Moreno, y ya no había quien lo sujetara en su idea de ser torero. Se licenció y se presentó en casa diciendo: “Traigo una sorpresa”. ¿Qué sorpresa? Llevaba un traje de luces y dijo que quería ser torero. Cuántas súplicas, llantos y negativas… todo fue en vano. Mis padres no querían que fuera torero, y no sabe usted la cantidad de cosas que él hacía para serlo.

        Allí, en mi casa del Padrón, por entonces encerraban vacas en un patio muy grande que teníamos, donde los ganaderos comían y dormían (nuestra casa era una tienda de comestibles y una venta de carretera de comida y pernocta). Él, en su afán de torear a toda costa, sin que nosotras nos diéramos cuenta, hacía dormideras bien cargadas y las echaba en el café de los ganaderos para que no oyeran los tejemanejes que él traía con los toros. Dejaba en el patio el toro que le gustaba para torearlo y los demás los echaba al otro patio. Los pobres ganaderos ni se enteraban, pero por la mañana no podían dominar los bichos. Esto lo hizo varias veces cuando no estaba de tientas por ahí y encerraban ganado.
Sentada, Teresa Chacón de la Mata; de derecha a izquierda, sus hijas  Anita, María
 y Teresa.
Archivo: Angelines Mata Cabanillas.


        Se ponía en combinación con Brachito, que tiene barbería en este pueblo y fue banderillero suyo en algunas novilladas, y con Antonio Donda, que era su mozo de estoques. Y los tres, con los capotes escondidos, esperaban que llegara la noche y durmieran todos para torear. Para contar sus odiseas, todas con mucha gracia, necesitaría un periódico entero.

        El famoso torero Juan Belmonte lo vio toreando en unas tientas en Salamanca y le dijo abrazándolo: “Serás más nombrado que yo, pues tienes mi manera de torear, pero nuestros cuerpos varían mucho”.

        Tenía de casos valientes y graciosos muchísimos. Teníamos muchas reseñas muy bonitas, carteles, muchas cosas, pero todo se quemó por orden de mi padre cuando, al mes de morir mi hermano, le volvió el habla y el conocimiento de la vida a mi madre (del impacto de la noticia, su madre, Teresa Chacón de la Mata perdió la voz y estuvo inconsciente en cama durante un mes).

        Sí, cuando mi hermano, la tarde fatal del 24 de junio del 35, se pinchó en la plaza de Estepona, a él en un coche lo llevaron a Málaga y a ella en otro a mi casa del Padrón, a una legua y media de Estepona, donde residíamos, pues teníamos también casa allí (se refiere que además de la casa del Padrón, tenían otra en la calle Adolfo Suárez de Figueroa). Y ella, la pobre, mientras él estaba toreando, se quedaba rezando por él.

ABC (Madrid) 29/6/1935

        Fueron a mi madre con la triste noticia de que lo llevaban a Málaga porque se había herido, y ésta cayó al suelo sin conocimiento, y así, en ese estado, estuvo un mes. Sufrimos mucho.

        Ahí también van unos periódicos que hablan algo de eso, pero La Linterna lo dice con unos términos muy raros, que exagera el habla, la situación, algunos detalles un poco raros. Ya un cuñado mío, en aquel tiempo, hizo una protesta sobre eso y pidieron disculpas, pues aunque somos andaluces, pero ni hablamos así, y mis padres (q.e.p.d.) tenían cultura y buenos principios.

AHORA (Madrid) 28/6/1935


        Él toreó en Marbella, Estepona, Mijas, Vejer, Valencia. En Vélez Málaga, en un concurso de ganaderías, tuvo que matar los 3 suyos y otros 2, quedando estupendamente. La presidencia le regaló 500 pesetas. En Valencia le dieron hasta un banquete. En Mijas le decían “El Ídolo de Mijas”, pues mató de una media estocada una vaca resabiada después de torearla magistralmente.

        También toreó en Barbate, en Alcalá de los Gazules; en esta última población se hizo novio de una joven muy mona que tampoco quería que fuese torero. Le dijo que estudiara, y eso mis padres lo vieron muy bien y estaban dispuestos a costearle lo que fuera. Estando estudiando, cuando su amigo Pepe Gallardo fue a tomar la alternativa a Barcelona, vino a casa, cogió la moto y se fue tras él, y no volvió a coger los libros.

        Toreó en Tarifa, en San Roque con el Niño del Bosque. El año 1934 fue un escándalo. Mi marido (q.e.p.d.) fue a verlo y vino encantado de él: de capote estuvo magnífico; con la muleta se hincó de rodillas, sacó su pañuelo, le limpió el hocico al toro, le cogió de un cuerno, le besó el testuz. Con un cuerno cogido saludó al público. A los cuatro los mató de media estocada y dice que la gente se volvía loca. Ese día, cuando regresó a Estepona, traía colgado del manillar de la moto ocho orejas y dos rabos. Al pasar por Estepona, el público enfervorizado dándole vivas, y cuando llegó a mi casa del Padrón fue una locura con la gente. Hizo una sangría grandísima en un lebrillo donde amasábamos un quintal de harina, con más de una arroba de vino.
Gil Chacón en la plaza de toros de Estepona, 24-6-1934. 
Cortó ocho orejas, cuatro rabos y una pata.
Archivo: todocolección.


        Toreando en Ceuta le dio un toro un puntazo. Fue su única cogida y su bautizo de sangre, habiendo toreado muy bien.

        Toreando en Estepona en el 34 fue otro escándalo. Yo fui con la pobre de mi madre a la casa, porque cuando él toreaba ella se iba a rezar, y los tres días que toreaba me hartaba de llorar de tanta emoción, de oír tantos vivas y tanto personal tras él vitoreándole, que lo llevaban todas las tardes en hombros hasta la casa. Estas corridas eran toros de Veragua con Mancilla de S. Hernando; a este le cogió el toro y mi hermano tuvo que matar los de éste, quedando estupendamente.

        Era tan guapo y elegante que hasta iban allí muchas jóvenes; decían: <<Venimos a verte de cerca, pues en la plaza eres un sol>>.

        En Valencia, en el 34, con J. Charneta en mayo, quedando estupendo en el 3º. En Estepona con Bolé, Luna y Bracho, banderillero. En el 35 firmó estas de Estepona. Estaba en Madrid, lo contrataban en Tetuán de las Victorias; la casualidad que para los mismos días de aquí. Así que habló desde allí con los empresarios de aquí exponiéndoles el caso. Como por él se llenaba la plaza, no quisieron traer a otro. Él les dijo: <<Esta me da más cartel, llevad este año a otro matador>>, y le contestaron: <<Ya sabíamos que cuando fueras para arriba no te acordarías de tus paisanos>>. Al decirle eso, no firmó las de Madrid y se vino el pobre mío de mal humor, para tener tan mala suerte que terminó todo llenando de amargura a mis queridos padres, que ya fue eso su puñalada de muerte.
Gil Chacón en la plaza de toros de Algeciras, 14-4-1934.
Cortó seis orejas y un rabo.
Archivo: todocolección.


        Con esa desgracia ya no hubo nada de feria aquel año (a raíz del luctuoso acontecimiento, la Comisión de Fiestas anuló los días que restaban de feria). Hasta, de tanta aglomeración, mataron los coches durante el entierro a una niña en Marbella y otra en Estepona. Ya al año siguiente entró la guerra, y seis años después murió mi padre, y el día que se enterró, dos días después de su fallecimiento, murió mi madre, que desde la muerte de mi hermano ya no le apetecía vivir. Al enterarse de que falleció mi padre dijo: <<Este golpe ya no lo resisto, que yo no vea su falta, Dios mío>>, y ya no volvió a hablar.

        Se sacaron los restos de mi hermano para enterrarla junto a él, y su cuerpo estaba intacto, sin manchas siquiera donde estaba liado (Mucha gente recordaba aquel hecho y hablaba del cuerpo incorrupto de Francisco; en su tiempo lo tomaron por un milagro. Era una creencia que siempre la he oído. Yo, sin quitarle misterio al asunto, pienso que quizá el hecho de morir desangrado pudo favorecer una especie de momificación natural.). Ya después, por arreglo del nicho, se ha roto algo.
Entierro de Francisco Gil.
Archivo: Teresa Janeiro.


        Cuando no le sirvan las fotos, reseñas y cosas que le mando, le agradeceré me las vuelva a enviar. Quizás haya algo más, pero ya ha pasado más de un mes y no quiero dejar pasar más tiempo sin enviarle lo que con tanto interés me pide, y le quedo muy agradecida.

        En la edad que dice el carnet que le mando: yo le llevaba seis años y yo nací en mayo de 1901, por tanto, yo creo que él nació en 1907.

        El Padrón es el distrito donde está la Venta de Santa Teresa, bautizada la casa con ese nombre de mi madre cuando la hicieron.

        Que con mucha salud escriba V. su libro y muchos más. Él y mi santa madre agradecerán este recuerdo tanto como yo, y a su disposición lo que se le ofrezca.

        Su afectísima s.s.q.s.m.e. Ana Gil Chacón”.

        
        El 2 de mayo de 1968, Estrada respondió a Anita con una carta afectuosa en la que agradecía el envío de toda la documentación, fotografías y recuerdos familiares. En ella le reiteraba su interés por la figura de Frasquito y le prometía hacerle llegar un ejemplar del libro cuando estuviera impreso. Adjunto archivo:
 
Archivo: Mariano Cabanillas Gil




        El 19 de febrero de 1972, Estrada contestó a una nueva carta que Anita le había enviado dos días antes, interesándose por el avance del libro. En su respuesta le explicó que se trataba de una obra muy extensa, con numerosas biografías de toreros, y que aún necesitaba muchos meses para completarla, pues debía localizar fechas, testimonios orales y otros datos, y no quería cometer ningún error. En esta correspondencia se aprecia el gran interés que tenía en la publicación y el profundo aprecio y admiración que sentía por nuestro torero local. Adjunto a continuación dicha carta:

Archivo: Mariano Cabanillas Gil


        Rescatar estas cartas de Anita ha sido un viaje al pasado de Estepona, a sus voces, sus costumbres y sus recuerdos. Gracias a la generosidad de quienes han conservado este legado familiar, hoy podemos devolver a Frasquito Gil un lugar en la memoria colectiva. Este trabajo pretende ser un pequeño homenaje a él, a su familia y a aquellos esteponeros que le conocieron.



Archivo fotográfico de Estrada extraído de su libro Personajes de Málaga, vía blog Personajes malagueños que aún no habiendo nacido en nuestra ciudad, formaron parte de ella.

Agradecimiento especial a Mariano Cabanillas Gil y a su sobrina Angelines Mata Cabanillas por su generosidad al aportarme esta valiosa documentación.


Posdata. Este artículo —y lo aclaro para quienes puedan interpretarlo de otro modo— no pretende ensalzar la tauromaquia. No busco glosar el arte del toreo, sino recuperar la trayectoria vital de un esteponero que formó parte de la vida del pueblo en un tiempo y un contexto muy distintos a los actuales, y cuya historia constituye un fragmento esencial de lo humano y lo cultural en el primer tercio del siglo XX.

Como divulgador de la historia de Estepona, tengo la responsabilidad de documentar y exponer estos testimonios con la mayor asepsia posible, incluso cuando abordan temas que hoy generan rechazo o debate. La historia no se debe interpretar desde nuestra mirada actual: se estudia, se comprende y se cuenta tal cual fue.